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Luis Ignacio Hernandez
martinez - argentina
Nació la literatura en el preciso instante en que alguien necesitó expresar en palabras aquello que no podía ocultar en el fondo de su alma.
Quizá por eso escribo.
O no.
Quizá lo hago...
Porque...
No sé...
Quizá...
Porque...
Necesito expresar en palabras aquello que no puedo ocultar en el fondo de mi alma.
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03/07/11 | 01:13: stellamaris (detrasdelespejo) dice:
Hola, me has dejado estupefacta,no porque no sepa que las cosa muchas veces suceden así, que un médico no es Dios, yo tambien me pregunte algunas veces porque esta distraido? en fin, es una historia dura, cruel, como la vida misma y muy bien relatada. Te mando un beso vecino
28/08/10 | 00:40: stella Maris (detrasdelespejo) dice:
interesante, muy interesante me atrapó de tal manera que, cinco minutos antes yo ya estaba cayendo al vacío, Ja! un saludito vecino
19/06/10 | 17:40: claudia romi dice:
ese texto no es un texto informal esta mal pesimo xq el texto infformal es x ejemplo habla pata asi ps
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siempre se vuelve, siempre



 

Acabo de cortar.

Estuve hablando con Juana.

Mi amiga de toda la vida, desde que sus padres y los míos compraron al mismo tiempo dos casas contiguas en Pasaje Nelson a metros del Boulevar Alberdi en aquel Rosario de los 60' en el que los veranos eran las tardes en el balneario La Florida, los cascarudos que el viento traía de la Isla Talavera y el concierto de los grillos en la noche.

Me llamo después de casi un mes de no saber nada de ella en forma directa, ya que de forma indirecta, amigos en común me tenían informado.

Veinte largos minutos duro nuestra conversación que resulto siendo el anunciado final que preveían sus últimos mails.

Se pega la vuelta a fin de Agosto.

No sabe si su hija se queda o no.

Ella regresa igual.

Le pregunté, tímidamente, las causas.

"Esto parece Diciembre del 2001"

" Le bajan la calificación"

"¡Riesgo país! ¡Riesgo país Nachito! ¡Nunca pensé que volvería a escucharlo de vuelta!"

"Euro si, Euro no, cien mil millones que ya te imaginas quienes son los que van a pagarlos"

"Rajoy si, Rajoy no"

"Después de lo nos costo adaptarnos"

"De que no nos hicieran sentir a cada rato que eramos extranjeros"

"Con lo difícil que fue lograr hacer amigos"

"Tengo miedo de morir acá , Nachito, peleándola como la peleábamos allá"

"A veces pienso que la malaria viaja con nosotros adonde vamos, como una siniestra sombra"

"Cuando parece que nos salvamos .... ¡Te salta al cuello!"

"Me vuelvo aunque dicen por acá que allá las cosas están empezando a perder fuerza, pero no me importa, me vuelvo."

La guita, siempre la guita, aunque deben existir otras razones, profundas, mas profundas que mi prudencia de amigo me impide preguntar.

Quiero ser su oído.

Quiero ser ese cable a tierra que le permita descargar su congoja y sus afectos.

Deseo consolarla y no convertirme en su censor.

Seria muy fácil, después de casi una década, reprocharle su viaje.

"Yo te lo dije" es la frase que ahogo en mi pecho mientras la escucho.

No deseo transformarme en eso.

Comprendo lo que debe costarle esta confesión, justo a mi que creo ser el único que le dijo que estaba haciendo una locura, que lo de ella no era la búsqueda de un futuro sino una huida, una terrible huida de una Argentina que se derrumbaba.

De una Argentina que jamas se va a derrumbar del todo porque no esta, ni estuvo tan cerca del abismo como algunos nos quieren hacer creer.

Las naciones no mueren, no desaparecen.

Se que en el fondo de todos los corazones de los que hemos nacido aquí se mueve un algo celeste y blanco.

Se nota, se vive, se siente.

Basta con ver un partido en que cualquier seleccionado argentino enfrente a otro.

Alcanza con la emoción que nos camina por el pecho, aunque lo neguemos con vehemencia porque nos recuerda a la dictadura militar, cuando cada 2 de Abril resucitan nuestros queridos muertos de Malvinas y volvemos a hundir al Sheffield y derribamos Sea Harries y se nos van al fondo del mar los chicos del Belgrano y nos inunda esa profunda bronca, como dice el tango, de haber sido y el dolor de ya no ser.

De ese ya no ser que alguna vez, estoy seguro de ello, va a ser.

Quizá de mis hijos,quizá de mis nietos o de mis chonos, pero va a ser.

Si.

Porque algún día va a llegar un grupo de políticos e intelectuales con ganas de refundar nuestra nación.

Pero refundarla en serio, con acciones lógicas que, paso a paso y generación tras generación, consigan construir una verdadera nación.

A veces sueno con que votamos gobiernos que gobiernan con la vista puesta en el futuro y no en el contenido de las urnas.

Políticos que te ensenan a pescar, que no te tiran un podrido bagre sobre la mesa disfrazándotelo de salmón.

Que piensan en los jóvenes como futuros adultos responsables y no como idiotas funcionales al relato de turno.

Que tienen la decencia de gobernar con el ejemplo.

Si.

Va a llegar ese grupo.

Porque nuestra manoseada, vapuleada y menospreciada Argentina va a ser algo, algo hermoso e inmenso.

Porque estoy seguro de que si algunos llegan a leer esto dentro de cien, mil, diez mil anos, esto que escribo hoy, sentado tras el empanado vidrio de un bar en esta manana de otono lluviosa que en pocos días se va a transformar en invierno, va a decir mierda!, este hijo de puta tenia razón.

Porque un día va a ser el nuestro.

¡Porque somos buena gente carajo!

Porque no jodemos a nadie, salvo a nosotros mismos.

Y cuando nos vamos, como Juana y como tantos otros, no nos vamos a buscar algo mejor, no, nos vamos, entre otras cosas, como se va un amante despechado.

O un cornudo.

Si.

Un cornudo.

Puede que seamos esto, que esta amante llamada Argentina nos meta los cuernos seguido pero volvemos y volvemos a ella porque la queremos.

La queremos siempre.

Cuando la puteamos.

Cuando decimos que es un país de mierda.

Cuando decimos que acá no se puede vivir.

Y también, cuando 26 anos después, en un repetido video, el Diego agarra la pelota de nuevo en la mitad de la cancha, deja a medio equipo ingles en el camino y hace ese gol, que no es otra cosa que un gol, un gol mas de ese Mexico 86, pero que gritamos como una pobre revancha de lo de Malvinas.

Que gritamos todos, desde los pibes enterrados en Darwin, hasta los que están allá, en el frío fondo del mar, en un viejo acorazado salvado de Pearl Harbor que ni el National Geographic con toda su tecnología pudo encontrar.

Por todo eso nos vamos.

Y por todo esto regresamos.

Y una generación atrás de la otra lo han hecho y lo seguirán haciendo mientras en el mismísimo culo del mundo un país llamado Argentina siga existiendo.

Y sigamos estando nosotros.

Con nuestros miedos, nuestros traumas, nuestras malas ondas y ese mate amigo que va y vuelve en la ronda interminable del Domingo.

De ese domingo de fútbol en la radio Spika del vecino, al que semana tras semana le vemos la raya del culo cuando, con esos pantalones que cada vez le quedan mas chicos, lava y lustra al Falcon 72 tratando de que se parezca a una Ferrari.

Con el chiste y el llanto a flor de labios.

Radicales y peronistas.

Zurdos y de derecha.

Gringos y cabecitas.

La villa y el country.

Los cumpas y la corpo.

Lanata y 6,7,8.

Juntos y separados.

Acá o en Italia, España, o donde carajo nos lleve el autoexilio económico, vamos a seguir existiendo los argentinos.

Los de adentro queriéndose ir y los de afuera queriendo volver.

Hace unos diez anos atrás, en pleno exilio post Diciembre 2001, un amigo me dijo que porque no me iba, que mi mujer tenia la ciudadanía italiana, que yo podía sacar la española en dos segundos, que el futuro de mis hijos, que la vida se vive una vez y etc, etc, etc.

Recuerdo que lo mire un rato antes de contestarle que por todo eso no lo hacia.

No se que habrá pensado de mi ni me importa pero soy, mal le pese a alguno, argentino.

O mejor dicho ARGENTINO, con mayúsculas y llevo en el alma el orgullo de la patria que muchos sonaron y a los que les debo el agradecimiento por su sacrificio.

Soy argentino.

Y lo seguiré siendo.

Como tantos otros.

Como lo fueron mi viejo (del que tanto aprendí lo que es ser argentino) por nacimiento y como lo fueron mi vieja y mi abuela por adopción cuando los hijos Cain comenzaron a matar a los de Abel en su ensangrentada España de los anos 30.

Como lo fueron tus padres o abuelos.

Como lo son el de enfrente, el de la vuelta.

Como lo es mi querida Juana.

Si, como ella, que ha decidido volver.

Y a la que no quiero ni debo censurar.

Porque debo tratar de comprender, como decía Spinoza, sin risa, llanto o indignación.

Los actos humanos son solo eso, actos humanos en los que una mágica mezcla de conocimientos, deseo y emoción nos lleva a realizar determinadas cosas que, a veces, se comprenden y otras, no.

Cosas que, para muchos, deben ser realizadas.

Como viajar a 15000 km de distancia y dejar transcurrir casi una década para darnos cuenta de lo que somos.

Para confirmar nuestros propios limites conociendo lo que esta mas allá de nuestras posibilidades físicas o emocionales.

Y sentir que nuestro lugar esta muy lejos de España o de donde sea.

Que nuestro hogar queda allá donde el mundo se acaba y el viento pega la vuelta.

Allá donde Gardel cada día canta mejor, Olmedo sigue vivo en cada morisqueta, Peron sigue siendo Peron, Fangio gana y gana en Nurburgring, el Diego putea a los que nos silban el himno y en donde lo atamos con alambre y le metemos para adelante.

Para ese adelante que parece el horizonte porque, cuanto mas nos acercamos, mas se nos aleja.

Y se nos va entre promesas electorales, envueltas en un sentimentalismo de telenovela, que ya nadie escucha, porque nadie las cumple, y ex presidentes a los que nadie juzga por sus errores u horrores.

Para terminar votando al que deja, aunque sea por un rato, tranquilos a nuestros cuatro mangos ras-trozos en el fondo de los bolsillos.

Y al que rajamos a patadas cuando se le termina "el verso" y se le ocurre la boluda idea de querer meterse en nuestra flaca billetera.

Pero no importa.

Seguimos.

Nos caemos, nos levantamos y despacio, primero un paso y después el otro, volvemos a creer en nosotros mismos y volvemos a darle para adelante.

Aunque el camino cueste tanto sobre este suelo llamado Argentina que nos hace llorar o reír y sin el que, aunque lo neguemos por no caer en ese nacionalismo que alguien nos hizo creer que es sensiblero y barato, no podríamos jamas vivir.

Mal que nos pese, somos argentinos.

Bien argentinos.

¿Entendiste ahora, Juana?

Creo que si.

Entendiste.

 

 

 

 

 

 

 


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